Un fuerte terremoto de magnitud 7,7 en la escala de Richter sacudió a la costa de Indonesia. Por el fenómeno se confirmaron al menos 38 muertos y varios heridos. La emergencia se registró a las 6 de la mañana, hora local (19 del viernes en Argentina) con el epicentro a unos 62 kilómetros al noroeste de Ende.
El movimiento provocó derrumbes de edificios, casas y varios deslizamientos de tierra en la isla de Flores. Los equipos de emergencia trabajan en distintas zonas afectadas, mientras todavía buscan a dos personas que habrían quedado sepultadas bajo toneladas de barro.
La combinación de terremoto, réplicas y actividad volcánica vuelve a poner a Indonesia frente a una de sus principales amenazas naturales: un territorio atravesado por fallas tectónicas, volcanes activos y zonas costeras expuestas a tsunamis.

Las réplicas mantienen la vigilancia
El terremoto principal fue seguido por varias réplicas, algo habitual después de un movimiento de semejante magnitud.
Estas sacudidas se producen como consecuencia del reajuste de las estructuras geológicas después de la liberación de energía del terremoto principal.
Aunque generalmente son de menor magnitud, pueden provocar nuevos daños en edificios que ya hayan quedado debilitados.
Por ese motivo, los equipos de emergencia continúan inspeccionando estructuras y monitoreando la actividad sísmica.
La situación también obliga a mantener bajo observación las zonas donde se produjeron desprendimientos y deslizamientos.
El terremoto se produjo bajo el mar y a poca profundidad, por lo que inmediatamente apareció uno de los mayores temores: la posibilidad de que el desplazamiento del fondo oceánico desencadenara un tsunami.
La Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica de Indonesia emitió una alerta para sectores de Nusa Tenggara Oriental, Nusa Tenggara Occidental y otras zonas del país.
Las autoridades pidieron a las poblaciones costeras alejarse de las playas y desplazarse hacia zonas elevadas.
Finalmente, la amenaza no se transformó en un tsunami destructivo. Los sistemas de monitoreo no detectaron cambios significativos en el nivel del mar que representaran un peligro para las comunidades costeras y la alerta fue levantada aproximadamente tres horas después.
La cancelación de la alerta no significa que la decisión de evacuar haya sido innecesaria. Frente a un terremoto submarino de magnitud 7,7, la prioridad es actuar antes de conocer con certeza cuál será el comportamiento del océano.


