El estudio de Pensar advirtió que las familias de ingresos medios son las que más sufren la inflación y ven clausurado el ascenso social por el deterioro de la educación pública

La restricción constante del consumo está generando cambios profundos en un sector identitario de la sociedad argentina. Un fenómeno emblemático es el del “consumidor sacrificial” en lugar del “consumidor aspiracional”. Se resigna más de lo que se espera mejorar.
La delicada situación económica que atraviesa el país está golpeando a la clase media, uno de los símbolos de la Argentina. Más de la mitad (55%) de los argentinos cree que este sector se está achicando y 6 de cada 10 que su empleo sólo le permite “subsistir”. A esto se suma que la expectativa de ascenso social a través de la educación es cada vez menor.
En términos meramente económicos, para ser considerado de clase media, los ingresos tienen que ser entre $2.000.000 y $6.500.000. Esto representa aproximadamente entre 2 y 5 canastas básicas totales.
Estos datos desalentadores surgen del informe “Esperando la Carroza: la ‘clase media Mafalda’ se diluye” de la Fundación Pensar, think tank del PRO.
Si se toman la estratificación de ingresos, 7 millones de hogares argentinos son de clase media, 8 millones de clase baja y menos de 1 millón de clase alta, según un informe especial de PensarLab, el laboratorio de investigación de la Fundación Pensar. El informe analiza cómo la clase media argentina, históricamente emblema de cohesión y movilidad social, atraviesa un proceso de transformación profunda, en un contexto de incertidumbre económica y cambio cultural acelerado.
Lo que se percibe es una pérdida de movilidad ascendente y un crecimiento en el sentimiento de retroceso generacional. El 41% de los argentinos piensa que vive peor que sus padres, y solo uno de cada cuatro cree estar mejor. Se entiende por la caída del poder adquisitivo y de los empleos registrados. El trabajo solo permite “subsistir, pero no progresar”, creen 6 de cada 10 argentinos.
Así lo deja claro el informe: “el estudio muestra que la clase media argentina resiste y se reinventa, defendiendo sus símbolos de pertenencia —la educación, el trabajo y la vivienda— como últimos bastiones de identidad colectiva“.


