Se cumplen 23 años de un hecho que marcó la historia argentina reciente:
La Masacre del 19 y 20 de diciembre de 2001
En diciembre de 2001 estalló una crisis económica, política, social e institucional que había comenzado meses antes y se expresó de manera crítica a partir de la imposición de restricciones para acceder al dinero -conocida como “corralito”– y del estado de sitio decretado por el entonces presidente Fernando de la Rúa, el 19 de diciembre.

Las protestas generalizadas en todo el país durante el mes de diciembre se transformaron en un estallido los días 19 y 20, durante los cuales 39 personas fueron asesinadas por fuerzas policiales y agentes privados. Hubo también más de 500 personas heridas. La revuelta motivó la renuncia del presidente De la Rúa y durante los siguientes días ocuparon la presidencia cinco funcionarios distintos hasta la confirmación del mandato de Eduardo Duhalde, quien ejerció la primera magistratura hasta mayo de 2003.

El gobierno de la Alianza no encuentra la salida de la crisis luego de la renuncia de su vicepresidente, que combinado con el quiebre del sistema bancario -consecuencia de una fuga exorbitante de divisas- y el anuncio del “corralito”, conforman un cóctel que tiene como resultado manifestaciones en todo el país con epicentro en Plaza de Mayo. La declaración del estado de sitio no basta para frenar el descontento social. Las jornadas del 19 y 20 de diciembre terminan con un saldo de 39 personas asesinadas y la renuncia del presidente Fernando De la Rúa.
Los antecedentes del estallido se pueden encontrar en el modelo económico impulsado por Carlos Menem, la convertibilidad y la continuidad de este plan llevado adelante por Fernando De la Rúa. Un plan que desreguló la economía, privatizó las empresas públicas, endeudó al país con la complicidad del FMI, ajustó jubilaciones y sueldo estatales en un 13%, trepó a niveles inigualables la desocupación que llegó al 15%.
Los planes constantes de ajuste llevaron a protestas que se extendieron por todo el país.

Si bien el país atravesaba una situación de recesión desde 1989, la crisis económica se agudizó, llegaba el fin de la convertibilidad y la medida del «corralito» implementada por el ministro de Economía Domingo Cavallo, que limitó a 250 pesos/dólares la extracción de dinero en los bancos, escaló el malhumor social expresado en cacerolazos que se reiteraban cada noche. En los barrios más pobres, se registraron múltiples saqueos a supermercados, almacenes y comercios de todo tipo.


